(300) Days of Belgium

Y de hecho son 307.

(80)

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Ay Venezuela, Venezuela. Éstas son las cosas de ti que no me hacen falta, la más mínima.

Estoy en pleno proceso para tener mis euros de CADIVI, porque sí, porque mi país es una locura que más nadie entiende y te hace hacer trámites que más nadie tiene que hacer. La famosa Apostilla, ir a registrarme en el consulado, etcétera, etcétera, etcétera.

En cierto modo, en un cierto modo muy particular, me agrada la independencia, hacer las cosas por mí misma. La cuestión de ir a Bruselas y caminar por ahí sola, es algo que (puede que estúpidamente) me hace sentir adulta. Pero ahí para, había olvidado de verdad lo mucho que CADIVI me hace rabiar, y es algo que sólo un venezolano puede entender, intento explicar aquí todo el proceso pero no se puede, es tan ilógico e incoherente que sólo alguien que ya lo haya aceptado como su modo de vida puede saber todo lo que implica.

Una vez más, se me pasan mil cosas por la cabeza y no sé por dónde empezar siquiera a describir. Ayer empecé a escribir en francés en mi ‘journal’, sin premeditación. Es primera vez que el texto me sale así de la nada en francés. Y creo que lo que escribí me llegó de alguna manera. Hoy fue diferente, de alguna manera, fue diferente.

Hablando de llegar, ¿alguna vez les ha pasado, que ven o escuchan o simplemente están en presencia de algo tan hermoso, que no pueden hacer otra cosa que no sea llorar? Hace poco me pasó. Voy a confesar que nunca había escuchado la canción Vivo per lei de Andrea Bocelli; es decir, seguramente la había escuchado por ahí pero nunca me había puesto a escucharla, y el otro día bajé tres versiones, la italiana, la española, y la que tiene la mitad en francés. Y bien, estaba escuchando la versión en español y no sé qué me dio, no sé que me montó en la garganta y no sé de dónde vino pero fue de verdad como si estuviera escuchando la cosa más hermosa del mundo. Es ridículo, lo sé.

Y sin embargo no hay idioma más hermoso que las lenguas latinas. Estaba escuchando la versión italo-francesa, y simplemente escuchar, se oye tan bien. Una canción en inglés puede ser bellísima, no digo que no, pero tiene que hacer un esfuerzo inmenso con el idioma. Las lenguas latinas fluyen, fluyen de una manera que es música de por sí.

Por eso, después del francés, estudiaré italiano. Sí, yo sé que antes no me gustaba, y que siempre dije que estudiaría más bien alemán. Tendría más sentido, además. Ninguna de las dos tiene mucha utilización fuera de sus respectivos países y objetivamente es la misma utilidad, pero siendo el italiano tan parecido al español, me valdría más aprender alemán. Me gustaría hablar alemán. Pero a la hora de aprenderlo, no me provoca. No me provoca estudiarlo, y yo así no puedo. No puedo estudiar un idioma con pura base en la razón, tiene que ser algo que me llame. Un idioma no se aprende nunca del todo si no te gusta, eso ya ha quedado más que probado: puedes llegar a hablarlo pero nunca vas a pensar en él, y un idioma en el que no piensas no es un idioma que manejas perfectamente. El italiano, en cambio, tengo mis razones por las que ahora me encanta. No sé si es cuestión de haberlo escuchado, o cuestión de a quién escuché hablarlo, o qué, pero me fascina.

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Written by Chronically Retold

noviembre 16, 2010 a 6:57 pm

Publicado en Uncategorized

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